Lunes, 30 de Abril del 2018

JOB Y LOS ESTADOS ANIMICOS


Sin duda, el libro de Job -ubicado dentro de la Biblia (Antiguo Testamento)- es uno de
los textos más reveladores de lo que podríamos referir acerca de los desafíos de la vida
en el ser humano.
No nos centraremos en su intenso y complejo recorrido, así como tampoco nos
basaremos en los que los exégetas han ido proponiendo para su abordaje. Tomaremos
de Job algunos pocos párrafos que permitirán desplegar la temática de los particulares
estados anímicos ante las pérdidas.
Ante la serie continua de pérdidas, Job dice, entre otras frases: “Le diré a D-s: no me
condenes; hazme saber por qué me atacas…”; “¿Cuántos son mis delitos y mis
pecados? Mi rebelión y mi pecado Hazme conocer. ¿Por qué ocultas Tu Rostro? (13:20)
Cabe aclarar unos breves aspectos. Todos los comentaristas coinciden en que Job era un
hombre de fe; en ningún momento dejó de serlo. Sus preguntas trascienden la confianza
en el Todopoderoso. Sus preguntas –que encierran su impotencia e incertidumbretienden
a poner de manifiesto su dolor y desconcierto ante los secretos de la vida y las
tragedias. No puede terminar de comprender cuáles son Sus secretos y Sus caminos (del
Todopoderoso).
En otro momento decía: “Está dolida mi alma de mi vida. Dejaré sobre mí, mi queja.
Hablaré con amargura de mi alma”
¿Cuáles pudieron haber sido los sentimientos y pensamientos que pudo haber tenido
Job ante tantas pérdidas atravesadas? Y ¿Cómo pudo sobreponerse a todo ello?
¿Qué ocurre cuando algo imprevisto surge ante nuestra vida?
Habría una serie de momentos que, de acuerdo a múltiples factores, van sucediéndose
en determinados tiempos.
El esquema podría ser el siguiente:
1. Sorpresa. El impacto nos desequilibra. Hay algo inesperado que nos invade.
2. Incertidumbre y confusión.
3. Dolor que puede transformarse en tristeza (identificando el motivo externo
puntual) o angustia (ampliado y encadenado con hechos anteriores)
4. Sufrimiento / Padecimiento
5. Desesperanza
Estos ítems, de igual manera, estarían siendo afectados por otras variables, las cuales
pueden acentuar, acelerar o retardar todo ese circuito planteado:
- historia personal
- postura de vida de su familia
- experiencias vividas anteriormente
- rasgos de personalidad y estructura psíquica
- factores que suman desde afecciones orgánicas y discapacidades

Centrándonos ahora en el término “depresión”, deberíamos diferenciar sus alcances, ya
que desde lo cotidiano, innumerables veces se distorsiona su verdadero significado. Es
decir, cuando se dice “estoy deprimido”, no siempre quiere decir depresión, sino un
desánimo, preocupación, desilusionado, triste, angustiado.
Podríamos plantear, y a solo modo didáctico, algunos niveles de lo que se denomina
“depresión”.
Se podría decir de “TENDENCIA” depresiva, a aquellos propensos a decaer fácilmente,
presentando signos que se asemejarían a un cuadro depresivo, pero que sin embargo, no
tiene los signos típicos del mismo. Podrían sumarse aquí aquellos que tienden a ser
negativistas o pesimistas en el curso de la vida y que, ante cualquier obstáculo, lo viven
como gigante e imposible.
Las “MANIFESTACIONES” depresivas serían determinadas conductas o actitudes que
se pondrían de manifiesto ante un hecho X, aunque ellas no conformarían un cuadro
instalado en el sujeto. Serían rasgos que vislumbrarían su tendencia depresiva o bien
resaltarían un peligro latente del sujeto, previo a la conformación de un cuadro o
episodio depresivo.
El “CUADRO” o “EPISODIO” depresivo, es, en definitiva, la instalación y
conformación de una serie de sintomatologías que se extenderían en el tiempo.
El mismo se definiría cuando ha traspasado las dos semanas, viéndose notablemente un
cambio radical de un antes y un después de un hecho desencadenante (DSMIV)
Algunas de las manifestaciones sintomáticas pueden ser (tomando que ello se mantiene
en la mayor parte del día, todos los días): Estado de ánimo depresivo, disminución del
interés y la capacidad de placer en todas las actividades, pérdida o aumento
considerable de peso, insomnio o hipersomnia, agitación o enlentecimiento, fatiga y
pérdida de energía, sentimientos de inutilidad o culpa excesiva e inapropiada,
disminución de la atención y concentración, pensamientos recurrentes de muerte,
ideación suicida. Todos ellos pueden enlazarse con otros cuadros, dependiendo de los
factores estructurales (forma de ser) y del contexto (su entorno), así como de la no
afección (incidencia) de toxicidad (adicciones). (Manual del DSM IV)

Algunas frases de los Sabios
“Desesperanza y disgusto: he aquí el resultado del estado que genera en nuestros
corazones, una vida dedicada a la autocomplacencia” A.Y.Heschel
La depresión es una pobre excusa para evitar cumplir el propósito que uno tiene en la
vida. Y el sentido de propósito es la mejor manera de evitar la desesperanza.
Gran parte de la depresión proviene de la arrogancia. Si te dieras cuenta de quién eres
verdaderamente, no te sentirías tan decepcionado contigo mismo.
Si piensas constantemente en ti mismo, con toda certeza te deprimirás.
Dedica una hora por día en pensar cómo beneficiar a otro.

Algunas salidas posibles
Ante situaciones sorpresivas, que nos sacuden y desequilibran, antes de que se nos
enlacen automáticamente con frustraciones anteriores, deberíamos tomar distancia,
frenar el tiempo unos segundos, plantearnos: ¿Es para tanto?, ¿Es sumamente grave en
sí mismo? ¿Es algo nuevo, que nunca estuvo antes?
Las frases compartidas desde la sabiduría del judaísmo nos permite replantearnos que,
en lugar de vernos a nosotros mismos sufrientes, desdichados, teniéndonos lástima y
enojo a la vez, elevando duras autocríticas sobre nuestros errores, deberíamos
focalizarnos más en el afuera, en los otros, en el seguir adelante, y plantearnos el gran
desafío de atravesar esa barrera, y hacer.